En los últimos tiempos, pocas plazas han causado el desvelo de algunos funcionarios municipales como la Justo José de Urquiza. Razones hay, sin duda, porque se trata de uno de los paseos más lindos, más queridos y también más agredidos que posee la capital tucumana.

Se estima que en un mes, comenzarán las obras para reformular nuevamente la plaza, ubicada en Barrio Norte y creada en 1900. El proyecto, en el que se invertirá $ 1,8 millón, recuperará el pequeño lago que había hasta mediados del siglo XX. Había además una cascada artificial, que embellecía el paseo y lo diferenciaba de los otros. La crónica periodística da cuenta de que los primeros años de su creación, se podía recorrer el lago en un par de botes que se alquilaban. Allí se realizaba la tradicional fiesta de la primavera. A fines de la década de 1920, ya el lago estaba muy descuidado y pantanoso. Desapareció en 1957. Según el subsecretario de Planificación Urbana, uno de los cambios buscará la seguridad de los niños. Los juegos se correrán hacia el centro sur del paseo y estarán delimitados por una reja. La calesita será trasladada unos metros hacia adentro del paseo, donde estarán los juegos.

Alrededor de 2.000 personas circulan diariamente por ese espacio público que se ha convertido en el pulmón de cientos de familias que viven en departamentos. Este uso produce también actos de un vandalismo extremo que hasta ahora las autoridades no han podido solucionar. Los destrozos le cuestan al municipio alrededor de $ 25.000 por mes. Justamente, los problemas más serios son la inseguridad y salvajismo. Los cuidadores cuentan que cada dos semanas los juegos se rompen; los cestos para residuos y los bancos amanecen dañados o pintados y no hay flor que dure más de tres días.

La plaza es invadida por los estudiantes durante las mañanas y por la siesta cientos de personas realizan actividad física. Por la tarde, las madres llevan a sus hijos a los juegos y a la calesita. También es un espacio utilizado por paseadores de perros, skaters, graffiteros y, los fines de semana por las noches, se transforma en una pista de baile de distintas danzas, especialmente de tango.

Algunos vecinos responsabilizaron a los jóvenes de los destrozos, mientras que otros criticaron a los que llevan a pasear a los perros porque ensucian las veredas. Otros anticiparon que si no se destina más personal a la vigilancia, los cambios que se hagan no durarán, como los que se hicieron a comienzos de 2009.

En enero del año pasado se comenzó a trabajar en la creación de un rincón de lectura en la esquina de Muñecas y Santa Fe. Se instalaron dos bancos amplios de madera, y se colocó una fuente con gran variedad de plantas, como si fuera un minibosque. Los bancos no duraron ni 10 días; el bosque fue cercado, pero aún así las plantas fueron destruidas. Se plantó césped y se colocaron pequeñas rejas para que la gente no lo pisara. Pero fueron arrancadas y el pasto pasó a ser una ilusión óptica. En diciembre, la Municipalidad informó que los cestos de basura debían ser repuestos mensualmente, al igual que gran parte de los focos del alumbrado público. Como los funcionarios se sentían impotentes ante estos actos de barbarie urbana, pensaron que enrejar la plaza era una solución. La idea halló la oposición de los urbanistas.

El tratamiento que los tucumanos le damos a la plaza Urquiza es un reflejo de lo que sucede en nuestra sociedad: vandalismo, inseguridad, falta de respeto, ausencia de civismo, de cultura, impotencia o incapacidad para proteger un patrimonio. Bienvenido es el proyecto de embellecimiento que quiere concretarse, pero para que no lo destruyan sería interesante educar a los mismos usuarios sobre la importancia de cuidar la plaza que es de todos.